Un par de palabras fueron el puente aquella noche. Dos mundos
se cruzaron barajando un sin número posibilidades, la noche anestesiaba hasta el más grande de los monstruos,
pero sólo a algunos los llevaba más allá del mapa. Los puentes son
edificaciones simples salvo los que forman la verborrea incorrecta en los oídos
tolerantes, esos son transversales, se anidan en el fondo de la inconsciencia
luchando por armarse continuamente de recuerdos vagos, son un collage de
impresiones mal vividas y recuerdos en forma de emociones. Cruzarlos no siempre es la meta, configurarlos
lo son todo, cuando el cuerpo no razona,
cuando las manos son bastones torpes, cuando la lengua es un remolino, cuando
el corazón es un dios que se ama a si mismo
Acto I Sin tener a la venta porotos verdes, el guatón de la esquina gritó: ¡al verde, al verde! El Campión, de reojo vio a acercarse a la feria una pareja de carabineros, sin pensarlo, casi de modo automático recogió del suelo el paño con los estrenos del mes, los metió al bolso, y sin darme cuenta tiró el bolso en alguna caja arriba de la camioneta. Por un momento la feria se calló, los ojos se clavaron en él, que entre la gente daba vueltas sobre sí mismo. Todos intentaban seguir el ritmo normal, solidarizaban con el casero de las películas, intentando hacerlo pasar por un cliente, pero el silencio era evidente. Se acercó a mi puesto, tomó una bolsa y comenzó a llenarla con lo que tenía al frente, parece que eran naranjas, mientras las echaba miraba sobre su hombro a la pareja, más de una vez me miró a los ojos, queriendo decirme algo quizás, queriendo pasar desapercibido cuando todos lo miraban. El momento fue eterno, pero no fueron más de cinco minutos, el Campión dejó la bo...
Comentarios
Publicar un comentario