Me levanto y levito, me muevo suavemente hasta encontrar la bufanda café, esa que me daba dos vueltas y media y sobraba. Salgo arropado de mis sienes zumbantes, busco el aire en un cigarro antes de lavarme los ojos, recorro el centro que aun no despierta, los suplementeros me detienen con intrigantes noticias que ayer también lo fueron y quizás también anteayer y quizás también ante-anteayer. A esto sólo le falta mar. A la orilla de Antonio Núñez de Fonseca, el puerto se puede ver de frente, sería bueno ir con un vino tibio a ver despertar la ciudad. Me arrepiento, compro pan en el lugar más alejado de la casa, no compro del diario y me devuelvo. Dos huevos fritos son el remedio para encarrilarme a la rutina. Hiervo el agua y recuerdo las lluvias de Valparaíso en calle Fischer, el rio que cruzaba la escalera verticalmente y las ventanas abiertas para sentir aquel frio. Me arropo con la chaqueta de mi abuelo, la que se le rompió los bolsillos, la cuadriculada con chiporrro. Me detengo con un café sobre la calle y recuerdo las conversaciones en la avenida Alemania donde el vino se mezclaba con té verde. Es hora de empezar el día pero cuando no sale el sol, parece que son más las cosas que debo hacer que no hago a diario. Debería leer, leer algún poema de algún poeta que precisamente no está en mi biblioteca, debería leer los mismos textos que a uno le atraen cuando despierta en otro sitio. Menos mal que no compré el diario, menos mal que no prendía la tele. Me mojo la cara un poco y despierto es hora de continuar, apago la música que me hace pensar que soy un protagonista de alguna película y me voy enajernar en la cocina
En el capitulo 4 de la primera temporada de Futurama, el profesor Hubert J. Farnsworth, asegura que la materia oscura –el combustible que utilizan para la nave espacial tiene la cualidad de que cada kilo pesa más de cinco mil kilos, lo que en palabras de lo anónimos editores de Wikipedia corresponde a un absurdo similar a afirmar que un kilo de hierro pesa más que un kilo de paja. Me arriesgo a decir que esta apreciación del ficticio combustible no tiene relación con dicho absurdo, si no que esta mucho más cerca de una paradoja lógica aunque con ciertos reparos que terminan por con comprender esta frase como un juego del lenguaje. Las paradojas son errores lógicos de los cuales se pueden extraer conclusiones verdaderas y falsas a la vez. Entre las paradojas más famosas encontramos la descubierta por Bertrand Russell luego de leer el primer volumen de Las leyes fundamentales de la Aritmética de Gottlob Frege, cuando éste, con todo el afán logisista inte...
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