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Diógenes, el síndrome de Diógenes y el nuevo síndrome de Diógenes

Diógenes el Cínico aquel que vivía en una tinaja, así como el Chavo del Ocho, Diógenes el Cínico aquel que le entregó un pollo despulpado a Platón para burlarse de la definición de Hombre. Diógenes el Cínico aquel que llamaban perro pero afirmaba que los perros eran sus observadores. Diógenes el Cínico aquel que le pidió a Alejandro Magno que se corriera del sol, aquel que con la ironía decía más que con tratados de filosofía. El mismo es el personaje que inspira el nombre del síndrome por el cual, generalmente los viejos, comienzan a acumular bienes inservibles por el hecho de sentirse desamparados, comienzan a descuidar su aseo mientras se atrincheran en su hogar, si es que lo tienen. Lo más significativo de esta enfermedad nacida en los años 60, es el hecho de no poder distinguir qué es lo útil de lo inútil. Ciertamente Diógenes el Cínico no poseía este síndrome –aunque lo más probable que halla estado siempre desaseado- se deshizo de una vasija con la cual tomaba agua, por considerarla innecesaria y que era más útil para un niño que vio tomar agua con la mano. pero no sólo quienes poseen este mal tienen complicaciones con la distinción entre lo útil y lo inútil, tanto así que por tiempo ha sido tema de relevancia filosófica pasando por áreas como la ética, la política, la analítica y la epistemología y porque no decir quizás de la metafísica. Útil es aquello que trae provecho o fruto, así ha sido útil desde las herramientas que vieron nacer al homo faber hasta la ciudad que acompaño al animal racional de Aristóteles. Pero sin embargo lo que trajo mayores complicaciones en este término, es la consideración del ser humano como un ser útil. Para ello nos remontamos en Maquiavelo, y su Príncipe, donde con la finalidad de gobernar el hombre se convierte en un medio para lograr ciertos fines. Maquiavelo define la política como una relación de amigos y enemigos, conceptos que inmediatamente nos hacen pensar en el par de términos difícil de distinguir por parte de quienes sufren del mal de Diógenes, o sea nos llama a pensar inmediatamente en lo útil y lo inútil. Los seres humanos, que nos relacionamos con otros seres humanos, siempre estamos a disposición de otros, ya sea por nuestra propia decisión o por falta de libertad. Generalmente ocurre el caso en que hace falta libertad, pero no es necesario ahondar en ese tema.  Para un país, sociedad, estado o nación son amigos quienes logran dar algún tipo de provecho, Chile es amigo de varios países, los cuales prestan servicios por el ámbito de la educación en materias energéticas por ejemplo, a cambio nosotros damos provecho entregando ciertas partes de nuestro territorio para que sea explotado por nuestros amigos, que saben lo que hacen. Por otro lado Chile, si bien no tiene enemigos, tiene relaciones mucho, mucho, mucho menos estrechas, por ejemplo para Bolivia seriamos súper útiles entregándoles una salida al mar, pero ellos al parecer, no nos son útiles y por ende no les entregamos una salida al mar que tranquilo nos baña. Nuestro gobierno cree entender que le es útil y que no le es útil.  Cree entender que es útil poner más contingente policial en las aglomeraciones culturales, cree que es útil censurar las diversas manifestaciones de estudiantes y trabajadores, cree que es útil cortar las horas de historia en la educación media, entre otros.
            Otras entidades que también creen comprender lo útil son las empresas que utilizan la obra de beneficencia más grande construida en Chile, para tapar descaradamente sus malas políticas laborales. Tal es el caso de la jugosa donación de mil millones de pesos chilenos por la familia Luksic a la teletón de este año  y  la huelga de hambre que llevan sus trabajadores. O el paro de los trabajadores de Farmacias Ahumada que no salió por ningún medio porque todos eran financiados por esta entidad, sólo por nombrar algunos casos.
            El nuevo mal de Diógenes se podría definir como la acumulación de riquezas, por cierto estos nuevos enfermos no están desaseados como los originales, pues lavan su imagen de forma descarada. Estos nuevos antisociales están careados, tapados por un esmalte brilloso que financia a los periodistas y reporteros de nuestro país con publicidad.  Estos nuevos enfermos del mal de Diógenes me arriesgo a decir que si saben que lo que les es útil, exprimiendo la premisa de Maquiavelo. A estos nuevos enfermos del síndrome de Diógenes también les rondan perros y moscas: sujetos hipnotizados que no saben que sucede además de lo que muestra el noticiero central. Hoy no es una campana la que hace salivar a los perros les ronda a estos nuevos dementes, si no la televisión, los diarios, los pacos.

Comentarios

  1. Me cague de la risa con la Idea de que la enfermedad del mal de diogenes comienza en el 60, porque creo que el nombre comienza, y hay como una paradoja linguistica si es que si el lenguaje crea realidad, podriamos decir que el nombre de la enfermdad concuerda con su aparicion pero como explicariamos todos los fenomenos anteriores antes del nombre?
    No eran tambien ellos males de diogenes, como se habran llamado?

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