La pena ronda el puerto, una sombra persigue, ayer el suelo y el mar cambiaron el ritmo de los días, hoy la rutina se desvaneció en un par de segundos. Un bombardeo de información nos acorrala y nos hace sentir pequeños, frágiles. Preguntas tontas y respuestas inesperadas, los muertos siguen dicen cerca de las diez, un carné perdido, nombres mal dichos. Rápidamente comienzan las excusas y la búsqueda de culpables. Por Internet rondan los pésames y las preguntas. ¿dónde estás?¿por cuál bus viajaste? El destino, el año de mierda, se durmió, no se durmió. El lamento es mutuo, pasa las vallas y nos une. San Antonio y sus familias hoy duermen mal. Todo funcionaba como siempre, un despedida al amanecer como siempre, un frió en el paradero como siempre, un llanto como nunca. Este mal sueño no acaba y no sabemos cuando comenzó.
Acto I Sin tener a la venta porotos verdes, el guatón de la esquina gritó: ¡al verde, al verde! El Campión, de reojo vio a acercarse a la feria una pareja de carabineros, sin pensarlo, casi de modo automático recogió del suelo el paño con los estrenos del mes, los metió al bolso, y sin darme cuenta tiró el bolso en alguna caja arriba de la camioneta. Por un momento la feria se calló, los ojos se clavaron en él, que entre la gente daba vueltas sobre sí mismo. Todos intentaban seguir el ritmo normal, solidarizaban con el casero de las películas, intentando hacerlo pasar por un cliente, pero el silencio era evidente. Se acercó a mi puesto, tomó una bolsa y comenzó a llenarla con lo que tenía al frente, parece que eran naranjas, mientras las echaba miraba sobre su hombro a la pareja, más de una vez me miró a los ojos, queriendo decirme algo quizás, queriendo pasar desapercibido cuando todos lo miraban. El momento fue eterno, pero no fueron más de cinco minutos, el Campión dejó la bo...
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