Desperté a media noche con la nada golpeando las paredes de mi puerta, intentaba entrar por las rendijas donde sólo cabe la luz. No vi algo extraño, ni algo anormal, sólo la nada, blanca, o transparente a ratos negra. Inmensa y pequeña, atómica y universal. No pude mirar más allá de donde estaba pues encadenado a mis sueños sabía que todo era irreal. El querer despertar es una sensación inexpresable. Pero la imagino como lo siguiente. Dos mundos paralelos se muestras como dos espejos el uno frente al otro. Sólo por ser humano, existe la intensa necesidad de elegir entre los dos mundos, siempre estamos cargados de la experiencia del mundo en que nos rodeamos, por lo que nos es imposible elegir sin mirar nuestros errores y felicidades. Pero en el caso de aquella decisión entre un mundo y otro, estamos desembarazados de donde venimos, estamos completamente amnésicos. Y debemos decidir incluso sin una moneda que nos sirva de respaldo, sin el azar. Aquella opción se vive cuando se sabe que se sueña, cuando se sabe que uno no esta donde debe, pero por instantes nos sentimos en un limbo. A media noche la nada atormentaba y asombraba, y por instantes la pensé, la vi, estaba dispuesto a vivir aquel momento. Estaba decidiendo entre dos realidades inconmensurables. Pero después olvidé todo. Y llegué a despertar para ver todo.
Acto I Sin tener a la venta porotos verdes, el guatón de la esquina gritó: ¡al verde, al verde! El Campión, de reojo vio a acercarse a la feria una pareja de carabineros, sin pensarlo, casi de modo automático recogió del suelo el paño con los estrenos del mes, los metió al bolso, y sin darme cuenta tiró el bolso en alguna caja arriba de la camioneta. Por un momento la feria se calló, los ojos se clavaron en él, que entre la gente daba vueltas sobre sí mismo. Todos intentaban seguir el ritmo normal, solidarizaban con el casero de las películas, intentando hacerlo pasar por un cliente, pero el silencio era evidente. Se acercó a mi puesto, tomó una bolsa y comenzó a llenarla con lo que tenía al frente, parece que eran naranjas, mientras las echaba miraba sobre su hombro a la pareja, más de una vez me miró a los ojos, queriendo decirme algo quizás, queriendo pasar desapercibido cuando todos lo miraban. El momento fue eterno, pero no fueron más de cinco minutos, el Campión dejó la bo...
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